Nos rompieron tanto
que creemos falsamente en un abrazo,
en una caricia,
en cualquier cosa que podamos despertar.
Nos rompieron tanto
que permitimos no tener importancia,
ser uno más del montón.
Es insoportable sentirnos únicos,
capaces de despertar cariño,
sin necesidad de mendigar.
Nos rompieron tanto que olvidamos como querernos.
